Nora y Exteisy Pantoja, con la foto de su tío.

Nora y Exteisy Pantoja, con la foto de su tío.

«Mi nombre es Nora Magali Pantoja. Mi tío fue desaparecido el 17 de agosto de 1999 en la región del Putumayo, pero mi familia no ha querido hablarnos del caso.
En esa época había paramilitares. Fue mi madre quien empezó a investigar, porque mi padre no quiso saber nada del asunto. Llegué hace 4 años a Bogotá, desde entonces hago parte de la fundación.
Estos cuatro años me han cambiado la vida porque de todas maneras yo era una persona que trabajaba anteriormente como empleada del servicio y en mi casa me dedicaba a lavar la ropa de los cuatro hombres, a barrer y a trapear; luego me gradué y seguí con la misma rutina para la gente, entonces yo estuve todo el tiempo en el mismo trabajo desde mi niñez.
Cuando empecé en la Fundación ya fue una experiencia muy importante, muy bonita, que me empezaron a enseñar que tenía que dejar las ollas por un computador, que para mí fue muy difícil porque yo no sabía cómo utilizarlo. Después me dijeron que si quería pertenecer a la Escuela de Liderazgo y eso más me llamó la atención, porque es empoderarnos como víctimas, entonces ya empezamos a las clases de derechos de petición, empezamos todo lo que tiene que ver con lo jurídico, porque no se trata de que solo un abogado lleve el caso, se trata también de que nosotros como victimas nos empoderemos y sepamos por lo menos quién lleva nuestro caso, que han hecho hasta el momento, con la línea del tiempo para saber cuáles son las autoridades hasta el momento, porque a veces nosotros como victimas nos esperanzamos a que la Fundación nos ayude o a que el abogado haga todo por nosotros.

Yo quisiera mandar un mensaje. Que luchemos por nuestros seres queridos y por todas esas víctimas, porque las víctimas no están solo aquí en Colombia sino en todo el mundo, entonces a esos papitos, a esas hermanas, a esas madres, que luchemos porque algún día nuestras voces se escucharán y se hará justicia, que lo hagamos con toda la fuerza, como hemos empezado, que los busquemos, que no desfallezcan hasta encontrarlos.

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José María Murad, con la foto de su padre William Hernando Murad Sánchez

José María Murad, con la foto de su padre William Hernando Murad Sánchez

«Mi Nombre es María José Murad Martínez, hija de William Hernando Murad Sánchez, quien fue desaparecido forzadamente el 28 de julio del año 2001 en Cabuyaro, Meta. Ese día los paramilitares citaron en una finca a varios habitantes entre los que estaba mi padre de 51 años. Él fue el único que tomó la decisión de presentarse a esa cita sin regreso a su casa.

Desde ese entonces mi abuela y mi tía Aidé decidieron buscarlo por donde fuera. Mis abuelos Elías Murad Ruiz y Teresa Sánchez no pararon su lucha por encontrarlo vivo, pero sin encontrar respuestas válidas, partieron de este mundo en el año 2014.

Nunca pararon su lucha y nos la heredaron a mis hermanas y a mí. Mi madre, María del Pilar Martínez Hernández, después de la partida de mi padre, se quedó con nosotras: tres mujeres que desde chiquitas hemos batallado por encontrar a mi padre vivo. O encontrar alguna respuesta.

Solo los que hemos pasado por este dolor sabemos que es crecer con ese nudo en la garganta, de ver luchar a mi madre por encontrar al único hombre que amó; a mi abuela llorándolo cada día de su vida; a mi abuelo queriendo ver en nosotras a su hijo, aquel que para él era un ejemplo para el mundo. Hoy en día me doy cuenta que todo hubiera sido muy diferente si mi padre hubiera estado al lado mío y de mis hermanos.

A veces las consecuencias de crecer sin un padre son duras, porque, aunque tu madre te brinde un amor muy grande, no se compara con el de un padre. Duele demasiado no tener esa protección, lo cual en ocasiones te lleva a tomar malas decisiones. ¿Por qué? Porque te faltó esa parte de la vida.

Cuando tenía la suficiente edad para entender que era cumplir quince años me decía a mí misma que mi padre estaría a mi lado. Lo viví en un sueño, aunque estuviera despierta. Le dije a mi madre cuando faltaban semanas para cumplirlos junto a mi hermana melliza: ‘Yo no quiero fiesta de quince porque mi padre no merece que otro inicie el vals cuando él debería hacerlo’. Cuando ese día llegó, me quedé en la puerta esperando a que mi papá llegara. Pero no fue así. En medio de lágrimas cerré la puerta, puse el vals a todo volumen y me imaginé a mi padre bailándolo conmigo con una rosa en sus manos y dándome un beso y un abrazo.

Esto ha sido lo más duro de mi vida. El dolor que siento en mi corazón es tanto que llega a ser suficiente para perdonar al comandante “Gato”, que se llevó a mi padre sin importarle que tenía seis hijos, esposa, una madre, un padre, y hermanos.

En ocasiones se me forma un nudo en la garganta porque quisiera no verlo en fotos sino en persona, darle un beso, abrazarlo y decirle que no se vaya de mi lado. Pero hoy solo digo:

Padre te quitaron tu libertad en la tierra, pero ahora la tienes en el cielo. Y aunque no te vea, sé que estas a mi lado protegiéndome y abriéndome campo para poder darte un orgullo, como siempre lo has querido. Padre todo ha sido duro, pero solo sé que te amo con todo mi corazón y que eres la razón por la cual quiero salir a delante”

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