Fundación Nydia Erika Bautista

Somos una organización de víctimas y profesionales que busca justicia para los desaparecidos. Iniciamos en 1999 desde el exilio y desde 2007 en Colombia, trabando y acompañando familiares en 6 regiones del país.

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Somos una organización de víctimas y profesionales que busca justicia para los desaparecidos. Iniciamos en 1999 desde el exilio y desde 2007 en Colombia, trabando y acompañando familiares en 6 regiones del país.

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Homenaje para mi hermanita Yanette Bautista

Por Rocío Esmeralda Bautista Montañez

Porque vivos se los llevaron, vivos los queremos.
¿Por qué los buscamos? Porque los amamos.
Mujeres buscadoras: presente, presente, presente.
Hoy no es un día cualquiera.
Hoy es un día sagrado, un día de memoria, de justicia, de amor y de respuesta.
Y antes que nada, el primer lugar siempre es para Dios.
Gracias, Señor, porque has estado presente en cada camino, en cada lágrima, en cada noche larga y en cada esperanza que se negó a morir.
Como dice tu palabra en Josué 1:9:
“Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.”
Y hoy, Yanecita, esta casa es también una respuesta de Dios.
Una respuesta a 39 años de entrega, de lucha, de amor, de perseverancia y de constancia.
Una respuesta a una vida que decidió no rendirse.
A una mujer que convirtió el dolor en causa, la ausencia en memoria viva y la herida en camino para otros.
Porque así como tú fuiste refugio para tantas familias,
así como has sido abrazo para el que perdió la fuerza,
voz para el que no pudo gritar,
y luz para quienes caminaban en medio de la oscuridad,
hoy recibes una casa que también será refugio.
Una casa para las familias.
Una casa para las mujeres buscadoras.
Una casa para la memoria.
Una casa para la dignidad.
Una casa para seguir nombrando a quienes faltan y seguir amando a quienes buscamos.
Hoy también recordamos aquella tarde del 30 de agosto de 1987,
un día que había comenzado en alegría, compartiendo en familia la primera comunión de Andreíta y Erikcito,
y que terminó marcado por el dolor, la desolación, el miedo y la incertidumbre,
cuando no volvimos a ver a nuestra madre. hija, hermana, tía amiga Nydia Erika.
Desde ese instante, la vida cambió para siempre.
Y también nació una misión.
Yanecita dejó sus tacones, dejó su trabajo de secretaria, dejó la vida que conocía,
y comenzó otro camino:
el camino de buscar a los desaparecidos,
de acompañar a sus familiares,
de sostener la esperanza cuando parecía imposible,
de exigir verdad cuando muchos querían silencio,
de pedir justicia cuando otros preferían olvido.
Y han pasado 39 años.
Treinta y nueve años de una búsqueda que no se ha detenido.
Treinta y nueve años en los que el amor ha sido más grande que el miedo.
Treinta y nueve años en los que la memoria se ha mantenido de pie.
Hoy sentimos que no estamos solos.
Nos acompañan quienes ya no están físicamente,
los familiares desaparecidos que viven en nuestra memoria,
los que están en el cielo,
los que siguen habitando cada marcha, cada nombre pronunciado, cada fotografía levantada, cada vela encendida.
Y junto a ellos están aquí todas las mujeres buscadoras,
mujeres llenas de fuerza, de esperanza, de paz y de amor,
mujeres que con sus manos sostienen la memoria del país,
mujeres que se niegan a aceptar que la desaparición cierre la historia de quienes aman.
Por eso hoy damos gracias por este lugar.
Por esta casa que será regocijo, luz y bendición.
Una casa para reunirnos.
Para servir.
Para abrazarnos.
Para sanar.
Para resistir.
Y para seguir adelante con la tarea hasta encontrarlos.
Porque mientras haya amor, habrá búsqueda.
Mientras haya memoria, habrá verdad.
Mientras haya familias de pie, no habrá silencio que pueda vencerlas.
Creemos y declaramos que llegará el día en que no haya nunca más familiares buscando a sus desaparecidos.
Lo creemos y lo decretamos.
Dios hará justicia.
La verdad saldrá a la luz.
Porque todo lo oculto será traído a la claridad.
Y con la ayuda de Dios somos más que vencedores.
Esta casa no es solo una casa.
Es símbolo.
Es promesa.
Es testimonio.
Es la prueba de que la lucha perseverante sí deja huella.
Es la prueba de que el amor sigue edificando aun después del dolor.
Es la prueba de que la memoria no se rinde.
Yaneth, hoy honramos tu vida, tu entrega y tu valentía.
Honramos tus pasos cansados pero firmes.
Honramos tu voz incansable.
Honramos tu fe.
Honramos la forma en que convertiste tu duelo en refugio para muchos otros.
Que esta casa sea abrigo para el alma cansada,
mesa para compartir el pan y la memoria,
puerta abierta para quien necesite consuelo,
y faro para seguir caminando hasta que aparezcan la verdad y la justicia.
Porque vivos se los llevaron, vivos los queremos.
¿Por qué los buscamos? Porque los amamos.
Mujeres buscadoras: presente, presente, presente.

Esta casa será más que paredes: será abrazo, encuentro, memoria y resistencia.
Aquí no solo se habitará un espacio; aquí se seguirá sosteniendo una causa.
Esta casa será un lugar donde el dolor encuentre escucha y la esperanza encuentre compañía.